Jeannette Jara y la batalla por la democracia en los territorios

Desde las organizaciones de derechos humanos y las regiones —como Ñuble—, la ciudadanía impulsa la campaña para frenar el negacionismo y construir un país más justo. De encuentros comunitarios a redes digitales, la candidatura de Jeannette Jara crece desde abajo, sostenida por la organización ciudadana y la esperanza de un Chile unido, libre de discursos de odio y retrocesos en derechos.

Por Marcela Marchant Mass. En Chile, la política se mueve en un terreno cada vez más frágil y volátil. Las elecciones presidenciales de 2025 no solo pondrán en juego el futuro del país, sino también la vigencia misma de la democracia frente al avance de la ultraderecha. Desde mi experiencia en terreno —tanto en Santiago como en la región de Ñuble— he visto cómo la ciudadanía se organiza, se emociona y se enfrenta a un escenario donde la información, la memoria y la verdad se han transformado en campos de disputa.

Una sorpresa que cambió el tablero político

Hasta hace unos meses, todo parecía indicar que Carolina Tohá sería la carta segura del oficialismo. Sin embargo, a último momento surgió un giro inesperado: la irrupción de Jeannette Jara como candidata presidencial. Su designación sorprendió a la militancia, a los analistas y a la propia ciudadanía.

Lo más interesante de este fenómeno es que Jara conectó con un sector no politizado de la población, aquel que ya no se identifica con los partidos tradicionales ni con sus promesas vacías. En un país donde la confianza en la política está en mínimos históricos, su origen popular y su estilo directo generaron una identificación inmediata.

Mientras tanto, la derecha mostraba una escena caótica: Evelyn Matthei adelantando su campaña, Johannes Kaiser ganando terreno con un discurso extremo y José Antonio Kast manteniendo su base más radical.

La falta de unidad ha impedido que consoliden una primaria conjunta, pero eso no significa que estén debilitados. Todo lo contrario: en redes sociales y en los territorios, la ultraderecha ha logrado instalar discursos de odio y teorías conspirativas con una efectividad alarmante.

Dos frases que movieron la aguja

El ambiente electoral se tensó con dos episodios que marcaron la pre-campaña. El primero ocurrió el 21 de abril, cuando Evelyn Matthei declaró que lo sucedido entre 1973 y 1974 “era inevitable”. Estas palabras reabrieron heridas profundas y le significaron una caída inmediata en las encuestas.

El segundo, el 13 de julio, vino de la mano de Johannes Kaiser, quien insultó a Jeannette Jara llamándola “Bachelet con esteroides” y llegó incluso a afirmar que apoyaría un nuevo golpe de Estado.
Estos ataques no solo desataron indignación, sino que también motivaron la reactivación de espacios ciudadanos y feministas que ven en Jara una alternativa real frente al avance autoritario.

En mi caso, junto a otras compañeras, decidimos reactivar la Comisión de Derechos de la Mujer dentro de la Comisión Chilena de DD.HH. Nuestra primera acción fue lanzar la declaración “Por nuestros derechos, las mujeres SOMOS +”, que se difundió como un grito colectivo en defensa de la democracia y la igualdad.

Ciudadanía organizada: Ñuble en movimiento

Desde julio formo parte del Colectivo Ciudadanía de Ñuble por Jara, en la Comisión de Comunicación. Este grupo refleja algo muy potente: los ciudadanos tomando la campaña en sus propias manos.

Si bien participan militantes comunistas, socialistas y radicales, la mayoría son vecinos y vecinas sin militancia, pero con una profunda convicción de que no pueden quedar al margen mientras la ultraderecha amenaza con retroceder en derechos y libertades.

Nuestro trabajo incluye encuentros comunitarios, actividades culturales y ayuda social. Dado que la propaganda está fuertemente restringida, hemos debido recurrir a estrategias auto gestionadas: rifas, bingos y donaciones, manteniendo viva la campaña desde la base y sin depender de grandes estructuras partidarias.

La gira de Jeannette Jara: emoción y cercanía

El 28 y 29 de agosto, la candidata visitó la región de Ñuble. El jueves 28, en San Carlos, vivimos una jornada masiva y llena de energía. Lo que más me impresionó fue la cercanía emocional entre Jara y la gente. No se trataba de un acto frío ni protocolar, sino de un encuentro en el que la ciudadanía veía en ella a una figura protectora y cercana, con una conexión que me recordó, inevitablemente, a Michelle Bachelet.

El viernes 29, en Chillán, realizamos un conversatorio con personas no adherentes. Para esta actividad utilizamos la plataforma Soluciones para Chile, que permitió que cada participante expresara en tiempo real sus inquietudes y propuestas, las cuales fueron respondidas directamente por la candidata. Esta dinámica no solo promueve la participación, sino que también ofrece información valiosa para construir una campaña conectada con las necesidades reales de la gente.

La disputa por la información

El terreno comunicacional en Chile está profundamente desigual. Los grandes medios de comunicación siguen concentrados en manos de la derecha, que difunde su narrativa sin contrapeso. Ante esto, la población ha migrado hacia otros espacios: principalmente redes sociales y grupos de WhatsApp.

Las iglesias evangélicas y mormonas también han ganado protagonismo, reemplazando antiguos espacios de organización social. A través de su trabajo comunitario y solidario, transmiten un discurso político que en muchos casos tiene un fuerte sesgo de ultraderecha, llegando incluso a instalar narrativas apocalípticas sobre un supuesto “diablo comunista”.

En el mundo digital, la presencia de bots vinculados a José Antonio Kast es cada vez más agresiva. En mi experiencia personal, desde que abrí un perfil alternativo en Facebook he recibido cerca de 500 solicitudes sospechosas, una señal clara de la estrategia de infiltración y hostigamiento digital que enfrentamos. Por eso, hoy la consigna es clara: no aceptar invitaciones desconocidas y proteger la comunicación interna de los colectivos.

WhatsApp: la nueva plaza pública

Si en el pasado la política se hacía puerta a puerta, hoy el centro de la conversación está en WhatsApp. La pandemia consolidó su uso como herramienta diaria de organización: desde grupos vecinales y comunitarios hasta redes de transporte y trabajo. Esta plataforma es, sin duda, el canal más efectivo para coordinar actividades, compartir información y movilizar a la ciudadanía.

El desafío que viene

Chile enfrenta un dilema histórico. No se trata solo de una elección presidencial, sino de definir si avanzamos hacia un país más justo o retrocedemos a las sombras del autoritarismo. El fascismo y el negacionismo no pueden ser relativizados ni normalizados. Hemos llegado a un punto donde se dicen públicamente barbaridades que en otros países serían sancionadas con firmeza. Por eso, la campaña de Jeannette Jara debe ser clara y frontal: no a los discursos de odio, no al negacionismo, no al miedo como herramienta política.

Las encuestas —como la de La Cosa Nostra del 29 de agosto— todavía muestran a Jara en desventaja en una eventual segunda vuelta. Pero estas cifras fueron levantadas antes del inicio oficial de la campaña y no reflejan el entusiasmo que se siente en las calles y en los territorios.

Incluso en medio de estas limitaciones, los símbolos cuentan. En esta etapa, la bandera chilena es el único emblema permitido. Lejos de ser un obstáculo, se ha transformado en el mejor mensaje posible: esta candidatura no pertenece a un partido, sino a todo el país.

Chile no puede darse el lujo de caer en manos de la ultraderecha. Lo que está en juego es la memoria, la democracia y la dignidad de un pueblo que ha luchado durante décadas por sus derechos.

Hoy, más que nunca, es momento de unidad, organización y compromiso ciudadano.

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